«Malditos roqueros, arruinaron el rock»

En una memorable escena de Los Simpson, el jardinero Willy se asoma a la ventana y nombra las confrontaciones históricas de Escocia con otras naciones; luego se da cuenta que son los propios escoceses los responsables de tantos pleitos. Tan conflictivos son los compatriotas del jardinero que hasta entre ellos se pelean. Iluminado por esta terrible verdad, Willy grita furioso: «¡Malditos escoceses, arruinaron Escocia!».

Risa, muchas carcajadas y demás. Luego, solo un momento después de verlo, uno se da cuenta que dicha frase puede aplicar a muchas situaciones. A un propio país que día a día lidia con miles de confrontaciones internas, a un equipo de fútbol que entre hinchas se pelean por blindar o responsabilizar a un jugador o al entrenador por una mala racha, o incluso, bien se puede aplicar al rock y -más específicamente- a los roqueros.

No es para nadie un secreto que el rock no vive hoy el mejor de sus momentos. Cuando el rock era un peligro, una amenaza, se mantenía activo -era cuando más activo estaba. Ahora pasa desapercibido. No importa cuánto grite, no importa cuánto patalee, las personas prefieren mirar a otro lado. Porque lo que él hacía de joven, en estos días lo hacen otros. La rebeldía que tanto lo caracterizaba se añejó y tomó un sabor agrio: un conservadurismo antipático. Gran parte de la población juvenil lo ve con cierto recelo. Se parece más a algo que escucharían sus padres, no ellos.

Porque está lleno de sermones, reglas y discusiones tontas. No vale usar samplers ni sintetizadores. Si no es guitarra eléctrica, pues no es rock. La música emo es para chibolos deprimidos. El metal es puro ruido. Radiohead solo te hace dormir. ¿Por qué le pone tanta distorsión a su guitarra si suena feo? El indie no es un género… Y así un sinfín de expresiones que solo ahuyentan a los potenciales nuevos roqueros. En algún punto los roqueros se cansaron de pelear con los demás géneros y ahora también empezaron a pelearse entre ellos. Eso nos lleva a la clásica frase de la discordia que ya se ha vuelto nuestra favorita: La mejor música es la de (inserte cualquier época anterior al 2000).

Aquí un problema típico de convivencia. Para empezar, Homero no entiende que los chicos no quieren escuchar ni saber de esa música. Por otro lado, Bart peca de intolerante al insultar los gustos de Homero y despreciar sus buenas intenciones. Es increíble la cantidad de situaciones que se han llegado a plasmar en Los Simpson.

Y aquí empieza otro lío. Los roqueros clásicos y recalcitrantes insisten en que es esa música la mejor -como si existiera tal cosa como un “mejor música”. Entonces, cuando un joven intenta acercarse al rock por medio de bandas modernas, le reclaman, lo obligan a iniciarse con las mismas bandas que ellos, que las disfruten como ellos en su juventud, sino no entiende nada, no “sabe de música” (curiosamente, aquellos que realmente saben de música suelen ser los más tolerantes: ellos entienden que cada propuesta musical representa una oportunidad distinta de beneficio, en ese sentido, no hay mejor género, estilo o canción que otra).

Estos roqueros recalcitrantes parecieran olvidar además que el rock no fue siempre un género reconocido como cultura. En la época de su máximo esplendor más bien, fue aborrecido, marginado por el establishment, vetado de múltiples países al ser considerado escandaloso, inmoral y hasta satánico. En su momento, la sociedad señalaba al roquero como el drogadicto, el caso perdido. ¿Acaso nadie recuerda el estilo de vida de The Beatles o los numerosos escándalos de The Rolling Stones?

Los jóvenes de cada época lucharon por convertir su gusto musical en la insignia de su generación, más allá de los errores y excesos de los artistas, y es por eso que hasta ahora perduran y conviven con nosotros. Sin embargo, hoy muchos roqueros insultan y tratan con desprecio a quienes prefieren los géneros más populares. En vez de tenderles la mano y ofrecerles compartir música, les enrostran que su artista favorito no le llega a los talones del suyo. Les dicen que escuchan canciones con letras machistas y eso es inaceptable; sin embargo, se les ve también cantando temas como “It’s So Easy” de Guns N’ Roses (esta no es una defensa de alguna canción misógina, pero muestra la falta de consecuencia cuando de juzgar a alguien más se trata).

«Turn around bitch, I got a use for you / Besides you ain’t got nothin’ better to do and I’m bored» (Da la vuelta, perra, tengo un uso para ti / Además de ti no tengo nada mejor que hacer y estoy aburrido).

“It’s so Easy” de Guns N’ Roses

Por ello, antes de ponerse a proclamar por redes sociales que «el rock es cultura», hay que investigar y descubrir qué es el rock, dónde nació y bajo qué circunstancias. Así nos evitamos todos momentos incómodos. Porque incluso aquellos que también disfrutan del rock nos avergüenza escuchar tantas barbaridades en nombre del género musical que nos encanta, con el que crecimos. No es justo que se le rebaje de esta forma, mucho menos cuando nació en nombre de la libertad y la diversidad.

Por eso, queremos proponerle a usted, hipotético lector, que infunda por todos los espacios posibles este mensaje: «Escucha y deja escuchar». El rock no merece ser tratado como el amargado de la fiesta, el que nadie soporta porque es aburrido y predecible. Parte de retomar su grandeza es volver a hacerse de los valores que lo llevaron a la cima alguna vez. De paso, podemos deshacernos también de las malas costumbres y aquellas cosas que lo perjudicaron alguna vez. Empecemos por la intolerancia.

Skinner: Los roqueros son muy conflictivos…
Willy: ¡Se ganó un enemigo para siempre!