Lo que prometía ser un festival de calidad (lo fue) dispuesto descentralizar -sí, incluso dentro de Lima es necesario ese término- los grandes conciertos de rock, terminó en una repentina cancelación a mitad del evento. Para la sorpresa de todos, el público asistente fue de no más de 100 personas, una cifra risible tratándose de un concierto de gran magnitud a nivel técnico. ¿Qué falló? Vamos a darle un vistazo a varios puntos importantes.

Primera cancelación. El festival había anunciado a Los Rancheros como banda internacional invitada, sin embargo, la organización publicó un comunicado informando que por motivos internos y de producción esta no se presentaría. En la publicación se reconfirmó la fecha del evento ahora bajo el slogan de festival 100% nacional con Toño Jaúregui en su reemplazo.

La sorpresa al revisar aquel post es que la mayoría de reacciones no presentaban mayor molestia sino que tomaron sin  importancia la cancelación de la agrupación estelar. Lo preocupante, además de que se hiciera a dos semanas del concierto es que no hubo demasiada actividad sobre la noticia. Si que el público reaccione con molestias es malo, es aún peor que pase casi desapercibido. Ese ya es un síntoma alarmante de que algo va mal.

Gran producción. Imposible no reconocerlo, aquí la organización fue de primer  nivel. Trabajando con mucho del equipo tanto humano como técnico de Vivo X El Rock. Escenarios de gran calidad, buen sonido, etc.

Hay que reconocer que el festival incluyó en esta edición 8 bandas emergentes que fueron invitadas a tocar con las mejores condiciones y buen trato, prueba de sonido, etc. Un punto a favor de la organización pues según se nos comentó, se les brindaron todas la facilidades para poder presentarse en el evento. Todas demostraron estar a la altura de cualquier gran concierto, una oportunidad más que merecida a la que supieron sacar provecho.

Entonces… ¿Qué salió mal?

Faltó publicidad. Definitivamente, sí. Una producción tan arriesgada no puede valerse solo de redes sociales para darse a conocer. Sobretodo, si se tienta un terreno nuevo teniendo en cuenta la cantidad de público y la accesibilidad del lugar. No tomar en cuenta la gran importancia del factor comunicativo es de exclusiva responsabilidad de los organizadores. La baja asistencia del público es una consecuencia de un mal trabajo por ese lado.

Locación. Si bien en Ate han habido algunos conciertos medianos con regular asistencia no es un distrito que se caracterice precisamente por una gran afluencia de público dedicado al rock. Es ese un punto fundamental ha tomar en consideración cuando se escogió como locación para el festival -entendiendo que la mayoría va desde los conos de Lima. La intención de alejarse de los clásicos puntos era excelente así como el cartel escogido, eso no está en discusión, pero debió trabajarse mejor para llamar la atención del público. Muy poca gente se enteró del mismo.

No se trata de hacer un concierto y esperar que el público asista solo por que “es un buen cartel”. Hay otros factores que son responsabilidad de la producción.

En conclusión creemos que Vive la Música tuvo un gran nivel de producción pero se confió demasiado en la explosión de público que aparentemente ha crecido sin tomarse en cuenta factores cruciales como la publicidad, la comunicación con la gente, la importancia de la locación y el acceso a él. Esperemos que la productora logre  levantarse de esta y regresar con una propuesta mucho más sólida, esa que tanta falta le hace a Lima para poder construir realmente una escena rockera y descentralizada.

Actualización: Se informa de una reprogramación del concierto con las bandas restantes que no llegaron a presentarse en el evento. La fecha se anunciará en la fanpage de Vive la Música.

Una pregunta suelta para el público:
¿No van a Ate Vitarte  y quieren ir al Fundo Mamacona para Vivo X El Rock?