En el exterior del Barranco Arena una ruta de separadores metálicos te conducía hacia la entrada del local. Y hacia uno de los lados, en la vereda, una seguidilla de vendedores te indicaba el camino hacia el concierto. Cruzando la calle, un grafiti se mostraba pedante ante la posibilidad de ser visto por el afamado front-man.

Todo el ambiente estaba adornado de asistentes que esperando la señal de la música pululaban en esa zona que ahora en conjunto (vendedores, grafiti, rejillas, revendedores) se convertía en un limbo entre la grandiosa experiencia y la rutina de vivir.

Una hora antes de que JC+TheVoidz saliera en escena, un hombrecillo delgado y de pelo largo aprovechó para robar aplausos. Cantando sobre una pista electrónica y aferrándose a las estructuras del escenario, estando de cabeza y sujetándose con sus extremidades inferiores, bamboleándose sobre las barandas y compartiendo el micrófono, Promiseland animó a quienes hasta ese momento se encontraban circunspectos.

Poco más de media hora, entre cumbia y jazz, duró la espera al grupo. Cuando el primero de sus integrantes asomó hacia el escenario el público estalló en aplausos. Los que más adelante se encontraban se desesperaban, gritaban, saltaban y cómo no, sacaban su aparatos fotográficos para registrar lo que iba sucediendo.

Días antes Julian y the Voidz se presentaron en Chile, donde junto con la empresa organizadora fueron duramente criticados por el mal espectáculo que dio la banda. Probablemente más de uno esperaba que eso sucediera también acá (hay que tener en cuenta que no era la primera vez que a Casablancas se le reprochaba un mal show). Afortunadamente, aquellos que vaticinaban el desastre se equivocaron. Desde el inicio se notaba a un Julian de muy buen humor y semblante, que se animaba a conversar con el público, que le dedicó una versión un tanto tétrica de Happy Birthday a una fan que celebraba su onomástico ahí, a dos metros de él.

Un pequeño y causal homenaje al deporte provino del grupo cuando se animaron a hacer pista al cántico más típico del fútbol, el clásico «Olé, olé, olé, olé». Y el público, como por un acuerdo tácito completaba el estribillo con «Julian» en ocasiones, o «The Voidz» en otras veces.

Así y con estas pinceladas sorpresivas se remató la obra de arte.  Como ya es costumbre en esta gira, el grupo estrenó seis temas de su próximo álbum y complementadas con las canciones pertenecientes a Tyranny (2014) su álbum debut: Father Electricity, M.utually A.ssured D.estruction, Nintendo Blood, Business Dog, Where No Eagles Fly y -a manera de encore– Human Sadness. Después, una despedida fugaz. La salida del escenario. El lamento del público. La vuelta de Jeramy Gritter, el guitarrista de The Voidz para compartir pizza con el público.

Una vez afuera, el mundo volvía a ser el mismo. El grafiti se mostraba humilde como solo una marca de pintura, los vendedores se veían más desordenados, los que corearon juntos hace un momento ahora se dispersaban. Lima recibía con los brazos abiertos a quienes la dejaron.

Créditos: Todas las fotos por Fabio D. Miranda / Conciertos Perú